miércoles, 31 de octubre de 2012

La pequeña Venecia

Los peligros de la poesía recitada en pantalla, del verso expreso sacralizado en el cine, pueden terminar con las buenas intenciones de cualquier director que se precie. Por suerte, la formación documentalista del italiano Andrea Segre le permite sortear con una habilidad no exenta de estilo esa nefasta deriva que conduce a algunos a hacer explícito lo poético y subrayarlo de la forma más chapucera y empalagosa. Nada de eso ocurre a orillas del Adriático en esta película que destapa otra Venecia, otra Europa y otra forma de ver el drama mafioso de la inmigración. A la evidente sutileza de una puesta en escena que acaba inundando inteligentemente de sugestión un escenario real (Segre filma las escenas de bar más creíbles en años de penoso cine de barra) en el que sólo hay soledades se le une la portentosa interpretación de dos extranjeros en Italia, la china Tao Zhao (fue premio David de Donatello, el Goya de Italia, a la mejor actriz), una joven explotada que pretende que su hijo se reúna con ella a base de pagar sus deudas trabajando donde le manden; y el balcánico Rade Serbedzija (nunca bien ponderado dueño de la tienda de disfraces de Eyes Wide Shut). Entre ambos, y desde el paisaje de una Venecia vista en oblicuo desde la esquina más meada, componen a pinceladas una relación que empieza siendo inverosímil y acaba dejándonos ese vacío que sólo pueden crear las películas que no pretenden ser sólo amables. Ni tampoco artificialmente líricas.

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